Matogrosso Un Edén herido de muerte - Fotografias de Álvaro Ybarra Zavala -

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Brasil es el principal productor de soja, carne y maíz del mundo. Cuando en 1998, en la agenda mundial, en lugar de salvar a los bancos estaba como objetivo terminar con el hambre, el Gobierno de Lula se ofreció a dar de comer al planeta. Si Brasil es desde entonces uno de los graneros del mundo, la columna que lo sostiene atraviesa el estado de Mato Grosso. A la BR163 todos la llaman la ‘ruta de la soja’, una cinasfalto demasiada angosta para soportar el incesante paso de camiones cargados de granos, ganado y madera.

José Faustino, con camisa amarilla y sus dientes manchados de tabaco, llegó hace 35 años desde Curitiba, en el sur, a Carlinda. Fue un pionero de la inmigración que incitó la dictadura militar como una forma de ‘ocupar’ esta zona estratégica para el ejército.

 

 

Unos jóvenes Gauchos descansan tras recoger el ganado. 

 

 

La Amazonia, la reserva natural más importante del planeta. Carlinda es hoy un centro ganadero, aunque este año avanzará un paso más hacia un modelo de negocio agrícola. se sembrará por primera vez soja. Faustino cuenta que en pocos años todo ha cambiado tanto que un extranjero no podría ni imaginarlo. ¡Había selva e indios! .

Pero ahora solo quedan de aquello las castañas de Brasil, unos árboles protegidos, para recordar que esto antes era una inmensa manta verde. El fenómeno tiene nombre. Es la deforestación amazónica. Se inicia en el este en Belem y llega hasta el estado de Acre, en la frontera con Perú. Una superficie igual a la distancia que une Madrid con Moscú y cuyo ancho llega a tener mil kilómetros.

 

 

 

El rodeo es una de las principales aficiones de la población Gaucha del Alto Floresta. 
Unos jóvenes se divierten en las aguas de una pequeña laguna cercana a la comunidad de Sipo
Un grupo de indígenas Parecía hacen guardia en el peaje de la carretera que atraviesa su resguardo indígena. 

 

 

El puente sobre el río Teles Pires, en la ‘ruta de la soja’, se transformó también en territorio de protestas en julio. Los cortes de carretera, convocados por la Central Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de Brasil, clavaron en el asfalto a la incesante peregrinación de camiones cargados de grano que recorren la vía, formando kilómetros eternos de colas. Desde el extranjero juzgan a Brasil en términos generales, pero no lo miran con lupa , dice Jaime Elías Vissotto, vestido como un típico campesino del sur brasileño. Llegó aquí hace 32 años y, como el resto, protesta porque, a pesar de las promesas, la reforma agraria no ha llegado y las tierras siguen en pocas manos. Ninguno de los grandes latifundistas planta lechugas. Los platos brasileños se llenan con la producción de la agricultura familiar. Si hubiera más gente en el campo, habría más comida y menos violencia en la ciudad , asegura.

 

 

 

A un lado la Selva. Al otro un campo preparado para sembrar Soja.  En la zona deforestada, de la vegetación original sólo quedan un par de árboles, se tratan de dos Castaños de Brasil, protegidos por la ley.  Este gigante es el símbolo de la Amazonía. 
A un lado la Selva. Al otro un campo preparado para sembrar Soja.  En la zona deforestada, de la vegetación original sólo quedan un par de árboles, se tratan de dos Castaños de Brasil, protegidos por la ley.  Este gigante es el símbolo de la Amazonía.
La madera es una de las mayores riquezas naturales que Brasil exporta. Para evitar el desmonte sin control, el Gobierno vigila la actividad. Cada proyecto de corte es registrado y controlado por ingenieros estatales. 
En Mato Grosso hay una gran cantidad de diamantes al ras de la superficie. Su explotación en casi todos los casos está prohibida, pero su extracción ilegal es continua vía los garimpeiros que los venden en el mercado negro y se llegan un 4% de las ganancias obtenidas. El resto es para los patrones. 
En esta región quieren legalizar la actividad minera para que empuje el desarrollo de la región. Este puñado de diamantes sin pulir valdrá unos 600 Dólares. Son piedras pequeñas pero en la zona se han encontrado algunas valoradas en un millón de dólares. 

 

Lisetti Gonzálvez recorrió casi 600 kilómetros para unirse a las protestas. Hace 12 años, el Gobierno le entregó unas tierras cerca de la ciudad de Juará, donde cultivaba hortalizas. Pero fue desalojada. Denuncia, como otras 22 familias, que ahora sus tierras las ocupa un propietario que las utiliza para sembrar soja. Pura corrupción , sostiene. La destrucción de la selva para que su suelo produzca más para la exportación y para que se pueda explotar legalmente la minería en propiedad indígena genera una constante tensión en el interior, aunque no tiene tanta visibilidad como las protestas en los centros urbanos.

Si la ruta 163 es la de la soja, la paralela que atraviesa la ciudad de Brasnorte es la del ganado. La zona parece abonada a la lista negra que cada año confecciona el ministro de Medio Ambiente. Y es que la mayoría del desmonte ocurre en tierra indígena manoki, uno de los doscientos pueblos originarios de Brasil.

 

 

Los niños de una comunidad indígena Manoki se reúne alrededor de un fuego al caer la fría noche amazónica. 
Un indígena Manoki pesca en las faldas de una represa situada en la frontera de su resguardo. 

 

Los manokis denuncian que los hacendados las queman para alegar que están arrasadas y que, por lo tanto, no pueden vivir allí los indígenas. Manuel es el cacique de siete aldeas en las que viven 400 personas. En total tienen 251.000 hectáreas con derecho a usarlas, pero sin el título de propiedad, ya que, según la ley, pertenecen al Estado. Bajo este régimen se encuentra entre el 12 y el 13 por ciento de la superficie del país.

Manuel nació en este territorio ancestral para su pueblo, pero que solo en los noventa fue demarcado como tal. Para él, la lucha por sus tierras es una batalla por la supervivencia de su familia y de su historia. Estamos amenazados por la tala, las presas hidroeléctricas que debilitan los ríos y los hacendados que quieren plantar en nuestras tierras. Esa es la pelea. Los creímos cuando nos dijeron que todo eso no afectaría a la selva. Pero nos mintieron.

 

 

 

La reserva Manoki vive en la actualidad rodeada por un gran océano de plantaciones de Soja, maíz y algodón. Esta frontera conocida como el arco de destrucción amazónico es la mayor amenaza a la que se enfrentan las comunidades indígenas de esta región de Brasil. 

 

 

 

Fotografías de Alvaro Ybarra Zavala(España 1979) es un fotógrafo dedicado a documentar los grandes temas contemporáneos y los profundos cambios sociales que vive el mundo de hoy. Actualmente, divide su tiempo entre Latinoamérica y España aunque continua trabajando en otras regiones del mundo. Alvaro se especializa en proyectos a largo plazo y en profundidad para crear marcos para reflexionar sobre las conductas de la sociedad actual y el mundo en el que vivimos. Con sus proyectos visuales pretende generar el diálogo y la colaboración entre sujetos y audiencias, poniendo confrontaciones entre diferentes visiones del mundo.